arquitectura saludable

La arquitectura saludable como medicina preventiva

En los últimos meses se viene hablando mucho de la calidad del aire. El lanzamiento de Madrid Central y de medidas similares en otras metrópolis europeas hace que el medio ambiente esté muy presente en la vida de los habitantes de las grandes ciudades europeas y en la de los madrileños en particular. Creo que en este contexto tenemos una oportunidad para concienciar sobre la importante relación que existe entre la arquitectura y la salud de las personas.

Un tercio de los recursos consumidos por la humanidad se dedica a la edificación y el 40% de las emisiones de CO2 tienen origen en la construcción, por lo que es necesario y urgente regular de manera global la relación entre arquitectura, construcción y medio ambiente. Sin embargo, para actuar sobre la salud de los habitantes de nuestras ciudades la arquitectura debe ir más allá, proponiendo soluciones no sólo para reducir emisiones contaminantes sino también para optimizar el potencial de la arquitectura saludable en el interior de los edificios.


Como arquitecta, uno de los elementos que más me preocupan en mis proyectos es la salud de los usuarios. Entre los datos que manejamos en nuestra empresa, Galow Arquitectura saludable e Interiorismo con más frecuencia, para indicar la importancia de la calidad del aire en hoteles y edificios de oficinas, se encuentra el hecho de que pasamos más de un 90% de nuestras vidas dentro de un edificio. Por ello, implantar soluciones de arquitectura saludable en interiores es hoy, gracias a la irrupción de nuevas tecnologías, una oportunidad para mejorar nuestra calidad de vida que no debemos dejar escapar.

La utilización de materiales antibacterianos, la biofilia (instalación de jardines verticales, por ejemplo), las pinturas no contaminantes y activas en la absorción de CO2, las moquetas que capturan y retienen las partículas más finas de polvo, los sistemas de extracción mecánica del radón, el aislamiento y la absorción acústica con materiales fonoabsorbentes, las luminarias que adaptan su intensidad a los ritmos circadianos, los equipos de ionización del agua para eliminar los radicales libres, la zonificación térmica con controles individualizados o el mobiliario activo son sólo algunos ejemplos de las oportunidades que hoy ofrece la arquitectura saludable para el interior de los edificios.

Quizás la iniciativa más significativa en este sentido sea la propuesta por el estándar Well, que busca que se diseñe y construya para que los edificios no perjudiquen a la salud, de forma que la arquitectura saludable actúe como medicina preventiva. Se pretende que el usuario respire aire puro, que se mantenga hidratado, que trabaje en un puesto ergonómico y bien iluminado, que haga ejercicio, que se relacione, que se relaje y que se alimente ordenadamente.

Pensar en la salud de las personas a la hora de diseñar edificios o espacios equivale a pensar en liberar el potencial humano de los usuarios. Según estudios realizados por el “International Well Building Institute” una mejor calidad del aire revierte en una mejora de productividad de entre un 8 y un 11%, una correcta alimentación disminuye en un 66% las posibilidades de que un empleado solicite una baja laboral, la deshidratación superior al 2% disminuye el rendimiento, la concentración en el trabajo incrementa un 15% cuando se dispone de vistas a un espacio natural, la escasez de ejercicio está vinculada a un 50% de riesgo de baja productividad, la eficiencia puede reducirse hasta un 60% debido al ruido, y una temperatura inadecuada por exceso o defecto también reduce entre un 2 y un 4% el rendimiento.

La sostenibilidad es cada día más valorada económica y socialmente, por lo que la inversión en entornos saludables revierte también en una mejora reputacional, en el incremento del valor de la propiedad de cara a inversores que apuestan por la sostenibilidad, en la mejora de la retención del talento y en ahorros en costes financieros (bancos y aseguradoras aplican reducciones en costes hipotecarios y en pólizas cuando consideran que la sostenibilidad y el wellness contribuyen a la reducción de los riesgos o a la implementación de sus propias políticas de RSC).
Existen argumentos suficientes y por ello muchos arquitectos pensamos que los promotores deben incorporar el concepto de bienestar del usuario a través de la arquitectura saludable como inversión y no como gasto. El diferencial económico es relativamente bajo y el retorno alto.